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APLAUSOS : LUCES Y SOMBRAS, EN AMÉRICA Y EN ESPAÑA

LUCES Y SOMBRAS, EN AMÉRICA Y EN ESPAÑA


Aplausos
LUCES Y SOMBRAS, EN AMÉRICA Y EN ESPAÑA
Cosa bien distinta es el toro de acá y el de allá. Aquel toro más aquella pasta explica claramente el motivo del éxodo invernal de las figuras hacia aquel continente. Relax es el concepto de fondo, que ya sé, no significa ausencia de peligro, claro que no, pero insisto, relax. Como mucho, disgusto por la impotencia para alcanzar el triunfo cuando los funos se niegan a embestir. Correr delante o correr detrás, esa es la cuestión diferenciadora. Hay pruebas. Hay días, ponga la tele en cualquier tarde, noche acá, y lo que sale en La México es un ejemplo de los que también sonrojan. O peor, de los que desertizan las plazas. Vale que es otro modelo, otra Fiesta, que aquellas aficiones lo admiten, que no hay más cera que la que arde, en este caso más toro del que sale -en algunos casos, solo en algunos casos, claro- que más vale eso que el paro, ¡qué pena, todos lo lamentamos, el persianazo de Iñaquito a cuenta de las luchas de clanes políticos!, pero téngase en cuenta, quede claro, que asegurar el futuro precisa de más emociones y eso normalmente viene por el toro, emociona más el toro que los acompañamientos musicales pongo por caso y/o los montajes videográficos. Y ese es el invierno que se nos avecina, en el que estamos. Ya hace tiempo que llegué a la conclusión de que me gustaba más, mucho más, la América que me contaban que la que veo. Aun así, me vale lo del chiste, que me quede como estoy. A la vez hay que reconocerle a América las virtudes que tiene, que son muchas. La pasión con la que acuden a la plaza los aficionados, entrañable, y por la que siento sincera envidia en tantas y tantas tardes de ácida acritud en nuestra tierra. La misma pasión y conocimiento con la que en puntos tan emblemáticos y en situación de extremo peligro se ha levantado el hombre o los hombres salvadores, el caso de Colombia o Ecuador, Felipe Negret y José Luis Cobos respectivamente, que han dado el paso al frente para defender el toreo, el uno en la Santamaría nada menos, catedral madrileñizada de las Américas que tanto valoraban Manzanares o Antoñete, el otro en el entorno de Quito, cuánta nostalgia, cuántas mañanas en Iñaquito a plaza llena con su singularísima climatología y los aviones rozándote las testas en las localidades altas y la lluvia tropical esperando a que acabase la corrida para descargar.
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